lunes, 26 de octubre de 2020

AXEL

 

Dejo a Liene holgazaneando en mi cama mientras bajo a la cocina para preparar el desayuno. A veces me preocupa que ponga tanto amor y cariño con esos niños, sé que es su trabajo, pero a veces tengo miedo de que todo eso le provoque que vuelvan las pesadillas que hacía meses que no padecía. Pesadillas en las que gritaba desgarradoramente y de las que me costó mucho tiempo saber los motivos de su procedencia. El día que ella se vio prepara para al fin hablarme de ello, no pude admirarla más. Liene ha pasado por mucho desde que no era más que una cría y ver la mujer en la que se ha convertido a pesar de todo me emociona y a la vez me aterra.

Nunca hemos hablado de sentimientos, de lo que hay entre nosotros, sé que si por ella fuese hubiésemos tenido esa conversación hacía mucho tiempo, pero yo siempre consigo esquivarla. No sé lo que siento, ni si siento algo, solo sé que Liene me ha salvado. Cuando la conocí me encontraba en uno de mis peores momentos y ella, como hace con los niños del centro, me acogió entre sus brazos a pesar de ser un capullo con ella. Con el tiempo mi reticencia a estar con ella fue desapareciendo y empecé a ser yo el que la buscaba en todas partes, el que iba a ver a los niños porque sabía que si cogía cariño a Liene aquellos críos iban en el paquete y no me importó. No me importó cenar todos los viernes en aquella casa ni contestar preguntas interminables sobre la NASCAR, tampoco tener que limpiar mocos, dar de comer, recoger juguetes, cuando los niños estaban revoltosos y Laura, Tom y Liene necesitaban una mano.

Mientras espero a que la máquina de café termine de preparar el mío, caliento la leche con cacao de Liene en el microondas. A veces no dudo en que, a pesar de tener veinticuatro años, Liene sigue teniendo aquella alma aniñada que la mayoría de los adultos perdemos. Sin embargo, al suya sigue ahí y es por eso por lo que quizá en su día no pude apartar mis ojos de ella. 

El sonido de mi teléfono me saca de mis pensamientos haciendo que tenga que buscarlo, la chica que tengo arriba tiene la fea costumbre de desordenarlo todo cuando llega a mi casa. sé que no es algo que haga a posta, lo he comprobado, sino que ella es así, desordenada, tope, olvidadiza. Pero cada cualidad que la define la hace ser ella, ser única.

Encuentro mi teléfono debajo de un montón de catálogos de decoración, Liene está obsesionada con esas revistas y siempre que sacan una nueva la compra y no sé cómo siempre acaba en mi casa. Veo que el nombre de la persona que me llama y un escalofrío me recorre por dentro, Adam. Él es mi mejora migo desde que no éramos más que unos adolescentes con las hormonas alteradas, han pasado dos años desde la última vez que le vi, desde que puse tierra de por medio y me fui de Estados Unidos, desde que me mudé a Londres con la firme idea de olvidar todo lo que dejaba allí.

— Hola, Axel –. Saluda él una vez que desconecto el teléfono, lo pongo en altavoz para poder seguir preparando el desayuno.

— ¿Qué hay? ¿Ha ocurrido algo? – pregunto preocupado al ver que me llama en horario de trabajo.

Mi amigo Adam dirige la empresa familiar que heredó cuando sus padres fallecieron en un accidente de avión. Recuerdo como fueron aquellos meses en los que la sombra de los señores Buffé se cernía sobre nosotros. Fueron tiempos duros ya que yo también les consideraba parte de mi familia, pero juntos conseguimos salir a delante y Adam consiguió tomar las riendas que su padre le había dejado.

— No, no tranquilo –, dice él para tranquilizarme al ver la tensión en mi voz –. Te llamaba para preguntarte que tenías pensado hacer dentro de dos semanas.

— ¿Qué ocurre dentro de dos semanas? – le pregunto queriendo que vaya al grano mientras coloco los huevos revueltos que he cocinado en dos platos.

— Me caso.

— ¿Con Carol?

— ¿Con quién si no? – dice él riéndose.

Adam y Carol empezaron a salir hace tres años, cuando yo aún vivía en Estados Unidos, más precisamente con él. Carol había sido vecina de la familia Buffé desde siempre y ambos habían estado enamorados desde que eran críos, sin embargo, mi amigo nunca se había atrevido a decírselo hasta que ella se le adelantó. Ambos se prometieron hacía dos años, pocos días antes de que yo me marchase de allí, pero nunca llegaron a casarse ya que poco después descubrieron que en vez de dos serian tres y la boda se fue retrasando.

— Ya era hora, tío –. Le felicito sin ser consciente de que Liene está bajando las escaleras a mi espalda.

— ¿Has visto mis bragas? – pregunta de repente detrás mío haciendo que todo mi cuerpo se tense al saber que Adam la ha escuchado –. No las encuentro por la habitación –. Sigue diciendo hasta que me giro con el teléfono en la mano, ella rápidamente se da cuenta de que estoy hablando con alguien y me pide perdón, pero yo ya no puedo pensar en otra cosa que no sea que Adam la ha escuchado.

— Lo siento… – murmura mientras me dirijo a la terraza y paso por su lado sin mirarla. Sé que no es culpa suya, sino mía por no prever que algo como esto podría acabar pasando. Pero no estoy preparado para mezclar mi vida de Estados Unidos con mi vida en Londres.

Una vez en la terraza cierro la puerta para que Liene no oiga mi conversación con Adam, sé que en estos momentos podría decir algo que pudiese herirla si me oye y no quiero hacerlo. La veo con cara de desconcierto mientras revuelve su taza, intuyo la preocupación en sus ojos, pero en estos momentos no puedo lidiar con eso.

— ¿Axel? – me llama Adam al ver que hace mucho que no hablo.

— Estoy aquí, perdona.

— ¿Quién es? – pregunta curioso confirmando que ha oído lo que ella ha dicho.

— No es nadie –. Me apresuro a responder.

— Axel… No hace falta que me mientas, han pasado dos años. No hay nada malo en que haya alguien en tu vida.

— Es una amiga –. Y no miento, porque nunca hemos hablado de que somos.

— ¿Una amiga? Tú no tienes amigas –. Dice riéndose y sé que tiene razón, pero esta vez prefiero no dársela –. ¿Es ella?

— ¿Cómo que ella? – pregunto sin saber a qué se refiere.

— Te llame hace unos meses y me contestó una niña diciendo que estabas muy ocupado besándote con una tal ¿Liene?

— Joder –. Murmuro pasándome la mano por el pelo y tirando de él –. Sí, es ella –. Reconozco. – se llama Liene, Madeleine.

— ¿Cuánto lleváis?

— Unos meses… Casi un año.

— Vaya.

— Si.

La conversación cada vez me resulta más incómoda, pero tampoco quiero seguir teniendo que mentir a mi mejor amigo. Ya es hora de que sepa que Liene está en mi vida, aunque no sepa aun lo que eso significa.

— Tráela a la boda –. Dice de repente haciéndome pensar que se ha vuelto loco. No puede ser verdad que Adam que quiera que la lleve a Estados Unidos.

— ¿Cómo?

— Quiero conocerla si ha conseguido aguantar a mi mejor amigo casi un año entero es porque esa chica tiene que ser especial o tener mucha paciencia.

Después de charlas unos minutos más en los que acabo dejándome convencer para llevar a la mujer que me espera en la isla de la cocina a la boda cuelgo el teléfono. Antes de entrar necesito tomar una larga bocanada de aire y pensar en todo lo que puede ocurrir. Pensar en lo que dirá Liene cuando conozca la razón por la que abandoné Estados Unidos hace dos años y me da miedo volver, la razón por la que pongo trabas para no avanzar en lo nuestro. Cuando la conozca a ella.

Cuando vuelvo a entrar de nuevo en la cocina veo que Liene ya no está allí, la llamo al piso de arriba pero no me contesta. Pienso que igual se ha molestado más de lo que creía, pero entonces empiezo a escuchar el sonido de la ducha de mi habitación y algo dentro de mí se tranquiliza. Me bebo el café ya frío que había preparado antes y veo que no se ha comido los huevos revueltos, preocupado subo las escaleras con la clara intención de disculparme. Sin embargo, una vez que entro en el baño, su cuerpo por cual el agua se desliza me hipnotiza y no dudo en meterme con ella en la ducha.

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